

Ahora mismo, Noruega es una excepción mundial: a unos meses de convertirse en un mercado donde sólo se pueden vender coches eléctricos, la cuota de mercado de los mismos supera el 80%. Su modelo no se puede exportar a todo el mundo, dadas sus particularidades, pero hay unas cuantas lecciones que pueden adoptarse en otros países, incluyendo el nuestro.
Hay varios motivos macroeconómicos que explican esta transición, empezando por ser un mercado relativamente pequeño -equivale al de la Comunidad de Madrid-, un país rico en recursos energéticos, con una elevada renta per cápita, y como en otros países nórdicos, con una fiscalidad opresiva. Este último punto es muy interesante, sobre todo por el conocido como bonus-malus.
Esto significa que se han creado las condiciones para que tener un coche eléctrico nuevo sea lo más sensato a nivel financiero, y tener un coche térmico equivalente sea una total estupidez, empezando por la obviedad de que lo segundo sale mucho más caro. Así es muy fácil llegar a un cambio de mentalidad colectiva que ya ha tenido lugar, y sin todo lo que los agoreros suelen decir: apagones, incendios masivos, gente muriendo de frío en las nevadas donde no se puede circular y semejantes delirios.
Sobre estas líneas tenemos una charla de Christina Bu, que para los que no la conozcan, es la cabeza visible de Norsk Elbilforening, la Asociación del Vehículo Eléctrico de Noruega. Dicha asociación empezó a influir en la política a favor del vehículo eléctrico hace mucho tiempo. De hecho, uno de sus primeros embajadores fue el grupo a-ha, que para el que no caiga, son los del eterno “Take on me” (1985). Sí, son noruegos.
Algunas de las políticas pro-eléctricos estuvieron ahí mucho antes de que el mercado tuviese algo que ofrecer, años en los que las matriculaciones fueron una anécdota. Pero cuando empezó a haber coches “decentes”, como el Th!nk City, el Nissan LEAF, o el Tesla Model S -que fue presentado hace más de 15 años-, se encendió la mecha de un montón de explosivos en forma de números.
Por ejemplo, se reservaron las matrículas con prefijo EL para identificar a los eléctricos, ya que elbil significa eléctrico. En 2016 se agotaron. Los políticos vieron que era posible, a medio plazo, convertirse en el primer país del mundo donde dejaría de ser legal matricular coches con emisiones de escape, lo que incluye a híbridos enchufables. Y están a meses de conseguirlo.
Medidas a favor de los vehículos eléctricos en Noruega
A continuación, veamos algunas medidas que se han implementado en ese sentido:
- Sin impuestos de compra o importación de vehículos eléctricos (1990-2022). Desde 2023, el impuesto a la compra se basa en el peso de los vehículos.
- Exención del 25% de IVA (2001-2022). Desde 2023, Noruega aplica un IVA del 25% a partir de 500.000 coronas noruegas -unos 42.800 euros- o más, por debajo están exentos.
- Sin impuesto de circulación anual (1996-2021), impuesto bonificado en 2021, e impuesto completo a partir de 2022.
- Exentos en autopistas de peaje (1997-2017), máximo del 50% del importe total en autopistas de peaje (2018-2022), y actualmente pagan el 70%.
- Ferries gratuitos (2009-2017), máximo del 50% del importe total en tarifas de ferry para vehículos eléctricos (2018).
- Aparcamiento municipal gratuito (1999- 2017).
- Acceso a carril bus (2005-). Las nuevas reglas permiten a las autoridades locales limitar el acceso para incluir solo vehículos eléctricos que transporten uno o más pasajeros, es decir, VAO (2016-).
- Impuesto sobre vehículos de empresa reducido en un 25% (2000-2008), reducido al 50% (2009-2017). La bonificación del impuesto a los vehículos de empresa se redujo al 40% (2018-2021) y al 20% a partir de 2022.
- Exención del 25% de IVA en contratos de arrendamiento o leasing (2015-).
- El Parlamento noruego decidió en 2017 como objetivo nacional que todos los automóviles nuevos vendidos para 2025 sean de cero emisiones (eléctricos o de hidrógeno).
- Se estableció el «derecho de recarga» para las personas que viven en edificios de apartamentos (2017-).
- Las flotas de vehículos públicos a partir de 2022 son de cero emisiones. A partir de 2025 se aplicará lo mismo a los autobuses urbanos.

Podemos ver que algunas medidas “chollo” ya se han terminado, pero las matriculaciones de eléctricos siguen fuertes y no dan visos de perder fuelle. Hubo meses en los que superaron el 90% de cuota. La mayoría de estas medidas tienen un fuerte impacto en la recaudación de tributos, pero no pasa nada si eso lo financian -financiamos- los demás comprando hidrocarburos a Noruega.
En países como el nuestro, los beneficios de tener un eléctrico no son tan obvios. Sí, según la zona puede haber descuentos o exención de pago en peajes, aparcamiento o impuesto municipal (IVTM), pero los números siguen saliendo con combustión interna para según qué casos. En Noruega difícilmente ocurre tal cosa, por lo que, como los noruegos también piensan con el bolsillo, han llegado a la conclusión correcta.
También podemos tomar nota de que lo de usar el carril BUS-VAO sin alta ocupación un día se va a terminar, lo mismo que ir gratis por los peajes, o que el peso de los coches eléctricos empezará a ser un valor negativo en algún momento. En nuestro país pocas voces han pedido eso, entre los cuales estuvo la formación Podemos, que pidió gravar más el tamaño, el peso o la potencia, o todo a la vez.

No hay que despreciar el fuerte factor cultural que diferencia a los noruegos de cualquier otra nación, aunque encontraremos similitudes en su mentalidad en países cercanos, como puede ser Dinamarca, Suecia o Finlandia. Por supuesto, eso no es suficiente para explicar que casi el mismo porcentaje de coches enchufables en Noruega equivale al porcentaje de coches no-enchufables de España.
Sin embargo, queda bastante claro el impacto que tienen las políticas públicas y su capacidad de provocar cambios estructurales. Ahora en Noruega hay cientos de miles de conductores que no se vuelven a subir en un coche térmico, aunque deje de ser un chollo financiero conducir un eléctrico. El cambio de mentalidad ya se produjo, y el cuñaderío nórdico tuvo que buscarse otras formas de pasar el rato.
Si bien no todos los países pueden ser Noruega, está claro que hay cosas que llegan mucho antes con las políticas correctas, y hay otras que tardarán bastante más porque son cambios que iban a producirse de todas formas. La meta es la misma, por lo que no es el qué, sino el cuándo lo que cambia.
Fotografía de portada | Ståle Frydenlund/elbil.no (Flickr)




