

Lo admitimos, la movilidad eléctrica no es perfecta y por ello hay gente preguntándose si merece la pena comprar un coche de combustión en vez de uno eléctrico. Si tienes ese tipo de dudas, este artículo es para ti.
A diferencia de los coches eléctricos, los de combustión dicen que obtienen su energía de la quema ineficiente de combustibles, normalmente de origen fósil, con dos efectos secundarios: pérdidas por calor y emisiones de escape. Hay dos tipos de pérdidas, por un lado las ligadas al rendimiento, un mínimo del 60% del combustible repostado (y pagado) no mueve el coche, y por otro lado, más de la mitad del precio son impuestos. Es una faena, pero tienen más autonomía por depósito.
Por otro lado, esos combustibles no se pueden repostar en casa, ni en el trabajo, ni haciendo compras ni en aparcamientos habituales. Toca moverse a unas instalaciones llamadas gasolineras, donde el precio por litro puede ser alto o muy alto, aunque el proceso de repostaje es rápido al menos. En las más baratas puede haber colas, aunque no es la norma general si vamos a una gasolinera abanderada.

Hay que tener ciertas precauciones, ya que estos combustibles son inflamables y emanan gases tóxicos a veces, pero es peor fumar. También hay que estar pendientes de las distintas características de los combustibles y su nivel de aditivado. No es como los puntos de recarga, que entregan todos lo mismo (electricidad) y solo cambia la velocidad de suministro -que depende del voltaje y los amperios.
Pocos coches térmicos se repostan con menos de 50 euros, pero no al mes, ¡es cada vez!
Los que tienen coches eléctricos suelen decir que recargan sus coches con paneles solares o energía limpia, cosa que no pasa con los combustibles de origen fósil. Como el petróleo no está en cualquier parte, hay que traerlo desde miles de kilómetros de distancia, refinarlo, y distribuirlo. Incluso llegan a decir algo horrible, que esa cadena de suministro del pozo al tanque contamina en cada etapa. Sí, suena muy mal.
Hay algo que no termina de convencer a algunos automovilistas de combustión, y es que se suelen topar con las mismas gasolineras una y otra vez, en algunas zonas solo hay un puñado de marcas para elegir. Además, hay precios distintos si no uno tiene la cartera llena de tarjetas de fidelización. Por otra parte, el combustible menos contaminante suele estar marcado con un nombre confuso, pero nunca dicen cuál es el que más contamina, menudo misterio.

En el caso de repostar el combustible equivocado, no hay un mensaje de advertencia del coche ni se impide el arranque, el motor tragará por la bomba de inyección o carburación el combustible incorrecto y se expondrá a averías muy costosas, o eso dicen por ahí. Eso sí, el depósito de combustible no hará falta cambiarlo, bastará con desmontarlo, limpiarlo y dar por perdido el combustible repostado antes. En algunos modelos, es posible incluso sustraer su contenido, algo más complicado tratándose de baterías.
Además de las pérdidas del motor, el sistema de frenos reduce aún más la eficiencia, porque salvo en los modelos híbridos, hay un gasto mucho más alto de pastillas de freno y no duran cientos de miles de kilómetros, sobre todo con una conducción deportiva o agresiva. En los híbridos los frenos duran más, pero no tanto como en los eléctricos. Lamentablemente, el depósito no recupera algo de combustible al frenar, siempre se va vaciando.
Otra consecuencia a la que hay que hacer frente es a un aumento del ruido, ya que no solo se escucha el motor de otros, también el de uno mismo. Las malas lenguas hablan de algo etéreo que se llama contaminación acústica y no se refieren al trap. Hay mecánicas y mecánicas, las más silenciosas son las más caras, pero si no nos importa tener unas cuantas vibraciones, las hay muy económicas con tres cilindros. Si ahorramos aún más, tendremos por otro lado una aceleración más lenta y respuestas del acelerador más tardías. Es que lo queréis todo y no puede ser.

Motor Diésel TDI de VW
Continuando con la parte del mantenimiento, parecen un poco más caros. En vez de realizar de vez en cuanto inspecciones visuales, diagnosis electrónica y el relleno del líquido del limpiaparabrisas, por lo visto hay que revisarlos una o dos veces al año, según el kilometraje, y disponen de cientos más de piezas que son susceptibles de coger holguras, romperse o desgastarse. Un coche térmico que no da problemas difícilmente bajará de los 150 euros al año en mantenimiento preventivo.
Y nada de eso se soluciona con actualizaciones OTA, aunque hay un remedio más efectivo, lo llaman decontenting. La única forma segura de evitar averías en componentes es no tenerlos. Es posible conducir coches de combustión sin aire acondicionado, ni dirección asistida, ni complejos sistemas anticontaminación, turbocompresores o cambio automático. Lo malo es que esos coches ya no los venden.
Aparte de lo dicho, tienen algunas desventajas, como la tardanza en la calefacción en calentar el coche, que no pueden por regla general climatizar el habitáculo de forma programada, que siempre recorren menos kilómetros de lo que dice el fabricante en el catálogo, o que no pueden aguantar kilometrajes elevados sin un mantenimiento correctivo costoso. Pero dicen que al que le sale bueno bueno, le puede hacer muchos kilómetros sin abrir el motor. Sí, aunque parezca mentira, se tienen que abrir a veces, no como los eléctricos.
Si todos estos aspectos de la movilidad fósil no te suponen un problema, puedes dar el salto a un coche de combustión interna y olvidarte de los eléctricos. Porque tienen más autonomía.
NOTA: Artículo inspirado en un comentario de Zygmunt Strawczynski publicado en LinkedIn.



