

La electrificación avanza rápidamente en Europa hablando de coches eléctricos, pero la mayoría de las emisiones del transporte (70%) se asocian a los camiones de medio y gran tonelaje. En este sector, todo va más despacio, pero se siguen derribando barreras en todos los segmentos del transporte pesado. Los fabricantes están aumentando la electrificación de camiones, segmento a segmento.
Los operadores de transporte quieren mover mercancías de un lugar A a un lugar B de la forma más eficiente. No solo se trata de considerar el coste, también el tiempo. El transporte por carretera en camiones eléctricos tiene algunas particularidades. Por ejemplo, los tiempos de conducción están controlados por tacógrafos, por lo que los conductores están obligados a parar.
Respecto a los tractocamiones o cabezas tractoras, no pueden acumular baterías sin fin para conseguir la misma autonomía que un camión de gasóleo o gas natural. Existe un límite, porque las baterías pesan y todo lo que lleven de más, es carga de menos que pueden llevar. También hay una limitación de espacio. Por ese motivo, los fabricantes permiten poner más o menos paquetes de batería, dependiendo de las necesidades del operador/cliente.

La infraestructura de recarga es clave
Una de las principales limitaciones para el transporte en camiones eléctricos es la infraestructura de recarga. Para empezar, cualquier punto de recarga no es válido para un camión, deben tener unas características concretas de potencia, accesibilidad y tamaño. En el transporte de corto recorrido puede no hacer falta ninguna infraestructura, todo se organiza para que los camiones recarguen en el punto A y/o el punto B.
Pero cuando los recorridos exceden la autonomía de las baterías, resulta imprescindible que el camión pueda aprovechar las paradas obligatorias para reponer fuerzas, y que, después del descanso del conductor, pueda continuar su marcha con autonomía suficiente. Todo esto implica recarga en corriente continua y muy alta potencia, porque los camiones consumen muchísima energía -aunque sean más eficientes por unidad de masa transportada.
De acuerdo a la compañía Eurowag, los países europeos más adaptados al transporte electrificado con camiones son Noruega, Países Bajos, Suiza, Suecia, Alemania, Dinamarca, Austria… En el lado opuesto de la clasificación están naciones como Turquía, Ucrania, Bulgaria… España y Portugal no están precisamente mal situados, pues están dentro del top 15.

Afortunadamente, los portes en camión son mucho más predecibles que los desplazamientos de los coches particulares, por lo que es más fácil planificar las rutas y optimizar los tiempos de parada y recarga. Esta planificación reduce la temida ansiedad por la autonomía, porque dada una carga, distancia, ruta y condiciones ambientales, es fácil predecir cuántos kilómetros puede recorrer el camión eléctrico sin que el conductor sufra.
Los precios de los camiones no suelen estar a la vista, se suele trabajar por encargo y considerando las necesidades de cada operador. El precio de adquisición puede ser más elevado que en un camión de gasóleo, pero los costes operativos son muy inferiores. No solo se trata de una mayor eficiencia por usar electricidad, es el menor coste de mantenimiento. Además, los camiones eléctricos tienen frenada regenerativa, y los convencionales necesitan varios sistemas para “destruir” energía y no exceder los límites de velocidad.
Pese a lo expuesto, un mayor coste de adquisición puede ser otro freno a la hora de electrificar una flota, aunque hay fórmulas para evitar este problema, como las de pago flexible, renting, etc. De esta forma, los ahorros compensan el sobrecoste tecnológico, y ahí es cuando el operador está ahorrando dinero. También se ahorra los costes asociados a sus emisiones, de haberlos, y limpia su imagen corporativa. Todo cuenta.

En los últimos años, los principales modelos que han salido en el mundo del camión eléctrico eran adaptaciones de modelos de combustión interna. Pero empiezan a salir modelos que han nacido como eléctricos y tienen diversas ventajas, como Tesla Semi o Volvo FM Low Entry. Los primeros segmentos en electrificarse han sido los camiones para uso urbano, como los de recolección de residuos, de reparto, de obra, etc. Por contra, lo más difícil es el largo recorrido, pero van apareciendo alternativas para desengancharse de los combustibles tradicionales.
Queda muchísimo por hacer. Según los datos de la patronal ACEA, en 2023 se matricularon en Europa 346.986 camiones, un 16,3% más que en 2022. La aplastante mayoría continúa siendo diésel, el 95,7% de dichas matriculaciones, pero los eléctricos ya suponen un 1,5% del peso. Pueden parecer muy pocos, pero esos 5.279 camiones eléctricos son un 234,1% más -por encima del triple- que los matriculados en 2022.
Compárense con los autobuses, donde los eléctricos son el 15,9% de las matriculaciones, ya que ganan terreno con rapidez en las ciudades. En 2023 se matricularon 5.166 autobuses eléctricos en Europa, un 39,1% más que en 2022. Los diésel siguen siendo mayoría, pero su cuota de mercado es del 62,3%, y está bajando (66,9% en 2022). Hay barreras que frenan la necesaria electrificación de los camiones, pero se están derribando día a día.




