

La industria petroquímica ha sido fundamental para el progreso humano durante más de 100 años, facilitando el acceso a energía abundante y asequible, pero eso empezó a cuestionarse cuando fueron más y más evidentes las consecuencias de quemar hidrocarburos a escala masiva. Las consecuencias más obvias son el calentamiento global por el efecto invernadero y la contaminación del aire, agua y tierra. Los efectos del cambio climático son observables por cualquiera, sin necesidad de instrumentos sofisticados ni medios caros.
Aunque estas empresas se van alineando poco a poco con la transición energética hacia fuentes limpias y renovables, no se puede discutir que su principal fuente de ingresos y beneficios continúan siendo los hidrocarburos. Van a hacerse verdes, pero sin muchas prisas, o sus balances quedarían comprometidos. En consecuencia, les interesa que todo esto vaya un poco más despacio.
Petroleras y gasistas están entorpeciendo dicha transición en múltiples frentes, como el mediático. Las formas pueden ser sutiles o descaradas, legales o ilegales, desde el aparentemente inofensivo greenwashing -aparentar que son más ecológicos de lo que realmente son- hasta la falsificación o negación de información científica, aquella poco dada a las opiniones, sino a los hechos verificables por terceros.
En el siguiente vídeo podemos ver una muestra:
Divide y vencerás
Durante décadas, la industria petroquímica ha quitado hierro a las consecuencias de la contaminación y al cambio climático, poniendo en duda la creciente evidencia científica que se iba acumulando contra sus tesis. Incluso se han financiado estudios cuyas conclusiones estaban claramente alejadas de la realidad, bien por errores metodológicos o por emplear datos erróneos (o por las dos).
Otro ámbito de actuación ha sido el lobismo, acercándose a determinadas posiciones políticas reticentes o contrarias a los avances, incluso coqueteando con la función informadora de la prensa. Hay informadores que les hacen el servicio incluso gratis, aunque también se han financiado artículos que claramente no ayudan a informar al público, sino a lo contrario, a confundirlo. Parte del público no es capaz de entender la información científica, sobre todo si se le miente o se le despista. En la era de la información resulta, paradójicamente, muy fácil desinformar.
Por ejemplo, hay mensajes que quieren poner en duda el ecosistema energético del futuro, argumentando que los combustibles sintéticos van a sustituir al petróleo, lo cual no va a suceder empezando por las propias cifras de la industria. También se habla mucho de hidrógeno, un vector energético que sin duda alguna tendrá su sitio en sectores de difícil electrificación, pero no se impondrá donde sea fácil hacerlo.

Elaboración: Endesa
Y para decir esto, no hace falta estar alineado con nada más que las matemáticas. Partiendo de la misma energía eléctrica, pongamos 100 kWh, un vehículo eléctrico recorrerá el doble de distancia que empleando esa energía en romper moléculas de agua con hidrólisis, comprimir el hidrógeno, transportarlo, descomprimirlo y utilizarlo en una pila de combustible. Y si el hidrógeno se inyecta en un motor de combustión, el rendimiento es aún peor, cuatro veces menos kilometraje.
También se trasladan mensajes confusos acerca del gas natural como energía limpia. Aunque es cierto que reduce las emisiones contaminantes respecto al carbón y al petróleo, también es cierto que la combustión de la molécula de metano (CH4) produce de forma inevitable dióxido de carbono (CO2), un gas de efecto invernadero. Esto lo sabe cualquier alumno de secundaria y tampoco es algo opinable: la combustión de cualquier hidrocarburo (moléculas con carbono e hidrógeno) produce inevitablemente CO2. Y el metano liberado a la atmósfera por fugas y escapes es más dañino que el propio CO2.
El futuro será diverso en el plano energético, con una presencia decreciente de combustibles fósiles, al menos en el mundo desarrollado, y un peso cada vez más importante de la energía renovable. ¿Y qué entendemos por renovable? El aprovechamiento del viento, las mareas, el calor bajo tierra, la acumulación de lluvias o la luz solar. Esos recursos son potencialmente infinitos, al menos desde la escala humana. Los recursos fósiles son finitos, a menos que no nos importe esperar millones de años a que se formen más: a escala humana, es algo inasumible.
Con la transición energética, pero poquito
Las compañías energéticas han entendido el mensaje: deben formar parte de la transición energética o se quedarán fuera. Sus negocios se van diversificando y venden energía -incluso de origen renovable-, instalan puntos de recarga para vehículos eléctricos y dan soluciones y servicios de movilidad. Ahora bien, discrepan en la velocidad a la que han de producirse esos cambios porque les afecta a las cuentas de resultados.
Estas compañías han tenido la sartén por el mango por las elevadas barreras que había que sortear para obtener energías fósiles y comercializarlas a gran escala. Pero estamos ante un nuevo paradigma, en el que pasamos de un oligopolio a competencia perfecta, porque el número de oferentes es mucho más alto. Cualquier pequeña empresa puede vender electricidad generada en sus instalaciones, sin inversiones millonarias ni licencias difíciles de conseguir.
Y como van a tener más competencia que nunca, les conviene que las políticas sean menos audaces y más lentas, que haya un clima de opinión disidente (con medias verdades o con mentiras, al caso es lo mismo) y que su negocio tradicional no se vea afectado más allá de lo imprescindible. Desde el punto de vista de la lógica empresarial y contable, se puede entender, aunque no sea lo más deseable para la sociedad en su conjunto ni el medio ambiente.
Desde este medio, te damos algunas pistas para poder combatir la sutil desinformación y las burdas fake news. Cuando leas, escuches o veas algo que no te cuadra mucho, es bueno que te lo cuestiones y accedas al origen de dicha información. Por ejemplo, resulta grotesco hablar de estancamiento o caída de vehículos eléctricos a nivel mundial si no hacen más que subir; tampoco es algo opinable.
También es chocante leer que algunos fabricante abandonan los eléctricos y apuestan por el hidrógeno, cuando ni sus propios directivos han insinuado tal cosa. Algunas mentiras empiezan en el titular para obtener el clic, y el que está bien informado no muerde el anzuelo.
De aquí a unos años, se podrán observar estancamientos puntuales de ventas de eléctricos por fabricantes o por mercados, las causas pueden ser múltiples, pero la transición no solamente ha empezado, es que es imparable y va hacia arriba. A largo plazo hay más lógica económica y ecológica -valga la redundancia- en un acceso abundante a la energía limpia, con menos dependencia del exterior, y con mayor sostenibilidad. Lo que sí que no ayuda a la humanidad es utilizar energía finita y contaminante, que nos obliga a depender de potencias extranjeras y que, a gran escala, resulta abiertamente insostenible.
Esto tampoco es algo opinable a nada que se miran datos cuya autenticidad o precisión pueda ser verificada por terceros. A eso se le llama método científico, viene de la era antigua, y es uno de los principales aceleradores del progreso y el desarrollo humano. Las creencias, las fantasías y las opiniones sin base factual, por contra, ya nos han hecho perder bastante tiempo.

