Que Elon Musk es un visionario de nuestro tiempo nadie lo discute. Ha hecho grandes cosas donde parecía que la evolución estaba casi estancada. Ha creado una empresa (varias realmente) desde cero que está revolucionando un sector del automóvil y todo movido por una visión.
Con sus ya más de 33.000 empleados está alcanzando tasas de producción de más de 200.000 entregas anuales.
Ha superado las 6000 entregas semanales de un modelo nuevo en tan solo 8 meses desde el arranque de la producción.
Todo gracias a la visión.
Y es que Tesla es una empresa pequeña, sin inercias ni una tradición que continuar. Sólo dispone de una visión que Elon transmite a sus empleados y a todos los inversores y fanáticos de la marca. Algo que Elon llama su “Master Plan”.
Pero este plan es muy ambicioso, tanto que muchos lo califican de inviable o incluso locura. Quizás condicionados por los otros fabricantes y sus inercias características. La comparación es inevitable y los celos y envidias así como las dudas y críticas están a la orden del día.
¿Puede toda esta presión, todo este nivel de exigencia mantenerse en el tiempo? Y es más, ¿puede un único hombre hacer frente a semejante presión y mantenerse firme en sus convicciones?
Elon ha tenido momentos mejores, pero en estos días puede que esté dejando entrever su mortalidad y limitaciones producto de un mundo cargado de exigencia.
No solo tiene que tirar de 33.000 almas para llevar a cabo su visión, sino combatir las críticas del público y los medios que se traducen en caídas en picado de su valor en bolsa.
Hoy se le pone en duda por sus salidas de tono en entrevistas o comentarios en las redes sociales, trabajar más de 120 horas semanales, fumar marihuana…
Ha llegado el punto en que muchos piensan que la empresa está al borde de la quiebra y que su líder ha perdido la cabeza.
Pero esto no es nuevo. Otras empresas bien conocidas han sufrido todo tipo de escándalos durante su vida.
Enron creó un imperio multimillonario, pero sus malas practicas financieras y su corrupción la llevaron a una de las mayores bancarrotas de la historia
Algunas han perecido, como Enron, a causa de sus malas prácticas y una dirección sin escrúpulos; otras, parece que nunca han tenido ningún problema y sus productos son deseados por unos y la obsesión de otros. Empresas como Apple, cuyo líder visionario creó una religión a partir de una visión.
Steve Jobs fue ese otro gran visionario de nuestra era. Él le dio una perspectiva diferente al mundo de la informática y todo comenzó con la caligrafía.
Una empresa que se catapultó a lo más alto en el mundo de la informática. Pero curiosamente los problemas con la cúpula directiva y sus problemas de liderazgo y abusos llevó a Steve a abandonar la empresa en 1985.
Pasaron 11 años hasta que Steve Jobs volvió a Apple tras la compra de ésta a NeXT software, la nueva empresa que fundó Steve Jobs. Apple de encontraba en plena crisis y al borde de la bancarrota y gracias a esta fusión Steve consiguió volver y convertir a Apple en lo que hoy en día conocemos.
Steve Jobs fumaba marihuana con fines medicinales. Esto era bien conocido. Explotaba a sus empleados hasta límites insospechados presumiendo de las 90 horas a la semana de su equipo Macintosh. Tenía problemas severos de salud que lo llevaron a la muerte y tenía serios problemas con los medios.
Dan Gillmor, reportero de Silicon Valley, dijo:
Apple ha tomado posturas que en mi opinión son declaradamente hostiles a la práctica del periodismo.
Todo esto suena familiar si lo comparamos con las últimas noticias de Elon Musk y Tesla.
Algunos pensarán que Apple estaba más estable cuando Steve Jobs se fue y que por eso sobrevivió a la quiebra pero otros pensamos que fue posible gracias a tener un visionario con un sueño liderándola.
Estos visionarios han creado una cultura. Tanto Elon Musk como Steve Jobs han provocado tal cambio en la sociedad que su legado perdurará en el tiempo aunque haya acabado con sus vidas. Liderar con visión es la clave y el esfuerzo y sacrificio de estos visionarios no debería reconocerse a título póstumo como genios de su tiempo.
