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La electrificación está de moda: ¿por qué ahora?

Artículo escrito por Héctor Ramiro, consultor informático, interesado en todo lo relacionado
con nuevas tecnologías y energías renovables.

No es que en el mundo del motor todos hablen de los coches eléctricos (es algo que los que nunca pertenecimos a ese mundo no podemos saber con certeza), pero llama la atención cómo se está utilizando la electrificación como herramienta de márquetin. ¿Qué les hace pensar a las grandes (tradicionales) marcas de vehículos que les puede beneficiar el anunciar a bombo y platillo el paso al mundo eléctrico?

Electrificación de Volvo

 

El efecto Apple inverso

Demos otra vuelta de tuerca a uno de los lugares comunes del mundo empresarial, y es que cuando alguien habla de innovación en tecnología, suele aparecer en la conversación Apple y Steve Jobs.
Cuando Apple sacó el iPhone, el mundo de la telefonía móvil (y de la conectividad y distribución de contenidos multimedia) cambió no porque así lo quiso Apple, sino porque la industria se movió y copió al mejor producto que había en ese momento, es decir, se “subió al carro”.

¿Fue Apple quien avistó la revolución y la promovió porque consideraba que era bueno para la sociedad? Más bien, Apple copió tecnología ya existente y promovió esa tecnología porque sabía que un gran producto (frente a otros muy inferiores) les reportaría un gran beneficio económico. Pero más allá de la voluntariedad, Apple y Steve Jobs se convirtieron en una inspiración para muchos que vieron cómo, efectivamente, se podía cambiar el mundo simplemente identificando el inmovilismo y aprovechando una tecnología superior que no se pudo (o quiso) aprovechar.

Productos Apple

 

Pero todo lo anterior se refiere a un mundo muy joven. En la industria del motor, una industria con muchísimos años de historia, cabría preguntarse a qué se debe ese inmovilismo.

Hay que entender que el objetivo de una empresa privada suele ser el de tener beneficios económicos. Si algo ha dado dinero y ha funcionado bien durante tantos años, ¿por qué cambiarlo? Esta es una regla que con una tecnología joven es relativamente fácil de saltar, pero conforme han ido pasando los años, se ha ido enquistando en el mundo de los vehículos.

Con un producto desfasado y muy inferior a su tiempo (tecnológicamente hablando), quizás era cuestión de tiempo que apareciera alguien que diera un tirón de orejas a los gigantes de la industria, como acabó haciendo Tesla.

Se podría decir que con Tesla se ha empezado a dar un efecto Apple “inverso”, es decir, conociendo que hay un producto ya existente potencialmente mucho mejor, apostar por él, desarrollarlo y promoverlo, sabiendo que la nueva tecnología podría arrasar con la anterior como ya pasara con la revolución de los smartphones, con la diferencia que en esta ocasión también había una motivación para con un problema global como el de la sostenibilidad, con lo que el objetivo principal pasa a ser el de entregar a la gente algo que ya debería haber tenido hace años, desandar para encontrar el camino correcto. Las grandes marcas conocían el buen camino, pero decidieron que no les interesaba recorrerlo.

Tesla Model X, S y 3

 

¿Qué pasa entonces en el mundo del motor tradicional?

Sencillamente, está cambiando. Los aficionados del aceite, el ruido y el humo están menguando y se está incorporando gente a la que le gustan los ordenadores, la inteligencia artificial y las energías renovables. No hace falta profundizar mucho para ver el tremendo cambio (¿revolución?) que se aproxima.

Pero, a la vista de las empresas, no hay que sumarse al cambio por la revolución tecnológica que desatará (probablemente, solo entiendan que la gente seguirá desplazándose de un punto a otro), sino por el esfuerzo del cambio que están haciendo los usuarios. Siguiendo con el ejemplo de la telefonía móvil, cambiar de un Nokia de teclado físico a un Samsung con Android fue muchísimo más fácil que cambiar de un vehículo con motor de combustión a un vehículo eléctrico, por razones tales como las económicas (la diferencia de precios ha sido bastante pronunciada) o de infraestructura (las redes de gasolineras no pueden si siquiera mencionarse en la misma frase que las de carga eléctrica).

Hay que estar agradecidos a las marcas que dieron el empujón a la industria pero, sobre todo, quien ha hecho posible el cambio es la gente que ha apostado por un futuro sostenible, pese al gran esfuerzo de fe que ello supone, lo que parece que la industria tradicional por fin ha entendido. Falta por ver si se deciden por el cambio o por el maquillaje.

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